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Tabaco. Fumadores adictos y cáncer de pulmón

La mayoría de los cánceres de pulmón está relacionada con el consumo de tabaco: en alrededor del 90 % de los casos los enfermos son fumadores o lo fueron en el pasado. Existe una relación dosis-respuesta, es decir que el riesgo de contraer un tumor maligno pulmonar es mayor cuanto más cantidad de cigarrillos se fuma. También agrega riesgo la duración del hábito, por lo tanto son más proclives los adultos que fumaron desde que eran adolescentes. El riesgo vuelve a ser igual al de los no fumadores luego de transcurridos más de 10 años de haber abandonado el hábito.

Por Carlos Horacio Spector

Nuestra América debería avergonzarse por haber obsequiado a la Humanidad con el nefasto presente del tabaco. De esa planta hicieron mención Cristóbal Colón y otros navegantes españoles en sus respectivos diarios de viaje. En estas tierras se fumaba con habitualidad, aunque también se aspiraba por la nariz un producto resultante de la molienda de las hojas, las cuales cuando estaban todavía verdes a veces se las masticaba. Tanto en la época precolombina como después del descubrimiento, se atribuyó al tabaco poderes mágicos, se lo ofrendaba a los dioses y se lo compartía en pipa para demostrar intenciones de paz entre rivales o enemigos. Después, el tabaco fue procesado, empaquetado para regalo y promocionado con palabras halagüeñas e imágenes tentadoras. Hombres y mujeres subyugados por igual, creyeron tener placer en aspirar el tabaco quemado e hicieron lo que nunca debieron haber hecho: lo fumaron con fruición. Ya cuando percibieron el daño, que habían subestimado antes a sabiendas de lo que les iba a suceder, quisieron volver atrás y pocos en verdad lo lograron.

No bien llegó a Europa se difundió rapidamente porque se le asignaron supuestas propiedades narcóticas, eméticas, antiparasitarias e insecticidas. También se lo empleó en remedios preparados en las formas mas extrañas, ya sea para curar heridas, úlceras cancerosas, chancros o sarnas rebeldes. Se lo utilizó incorporado a ungüentos, emplastos, inhalaciones, enemas y jarabes, o bien se aplicaron las hojas sobre la piel sana para aliviar a las embarazadas los dolores del parto.

Tabaquismo

Se denomina tabaquismo a la intoxicación crónica producida por el abuso del tabaco y se sustenta sobre la adicción o dependencia. Ambos términos significan lo mismo, sólo que el último tiene una connotación menos peyorativa. Es un trastorno conductual en que está reducido el control sobre el empleo de determinada sustancia, en nuestro caso el tabaco. Es una dependencia física y psicológica con tendencia al empleo repetitivo, a pesar de que la persona afectada conozca con detalle los efectos perjudiciales a los que se expone y los riesgos potenciales para su salud, aun cuando simule creer que por alguna razón que ignora, goza de una privilegiada inmunidad que no les tocó en gracia a otros fumadores. Requiere del uso repetido y frecuente, de que el consumo sea excesivo es decir por encima de las posibilidades de que la persona pueda limitarlo por su voluntad, y de que el hábito de fumar sea compulsivo aunque no siempre provoque placer o sensaciones agradables. De no cumplirse con esta compulsión se desencadena un cuadro denominado síndrome de abstinencia caracterizado por gran irritabilidad, malestar físico y falta de concentración. Para que se produzca la adicción, se requiere la existencia de incentivos. Algunos son exteriores, como la asociación con objetos, actitudes, gestos, personas, el momento de la sobremesa, el conducir un automóvil o cualquier otra situación objetiva que también pueda detectar un observador ajeno que percibe la reiterada coincidencia entre encender un cigarrillo y ese estímulo. Otros son interiores, como tristeza, angustia, hostilidad, cansancio extremo o un trastorno indefinido del ánimo. Estos estados subjetivos a veces generan dificultades de interpretación, porque se pierde la noción de si en verdad provocan la necesidad de fumar y en tal caso se comportarían como predisponentes, o si por el contrario son la consecuencia de que ha trascurrido un tiempo relativamente prolongado desde el último cigarrillo consumido. En estas últimas circunstancias, el próximo cigarrillo se percibe como el remedio para aliviar la desesperación por fumar, y es lo que suele ocurrir con los fumadores que ya encienden uno al despertar.

La historia natural del hábito comienza por la etapa conocida como iniciación, por lo general a edad adolescente. Se dice que al principio es el solo hecho de pensar en encender un cigarrillo. Un reciente estudio sueco demostró que un buen desempeño escolar, el tener una familia biparental, la participación en actividades físicas y deportivas, y una buena autoestima, se asocian negativamente con el consumo del tabaco en adolescentes. Continúa con la etapa de pasar al hecho, con lo cual la persona ya pertenece a la categoría de experimentador ocasional. El paso siguiente es el período de mantenimiento, que consiste en el uso continuo favorecido por la sensación de que el hábito presta ciertas utilidades que, si bien varían con cada fumador, casi siempre se encuentran en la esfera psicosocial y ocasionalmente se les atribuye entre otras ventajas, la de quitar el apetito de los obesos o ayudar a movilizar secreciones a los enfermos de los bronquios. Si bien el entorno social tiene una influencia determinante, estudios más recientes asignan también importancia a factores genéticos y hereditarios como favorecedores de la dependencia a la nicotina.

Hay humo en tus bronquios

Este alcaloide responsable de la adicción es sólo uno más de los cuatro mil componentes del humo del tabaco. Ese humo contiene numerosas sustancias nocivas para el organismo humano y de los animales de experimentación en quienes se las ha ensayado, entre ellas amoníaco, benzopireno, cianuro de hidrógeno, dióxido de carbono, monóxido de carbono, alcohol metílico, ácido clorhídrico, aldehídos, arsénico, polonio radioactivo y restos de plomo. Los efectos deletéreos que estos productos generan son muchos, por ejemplo un aumento del nivel de monóxido de carbono en la sangre y reducción de la cantidad de oxígeno disponible para el cerebro y otros órganos, menopausia prematura y mayor riesgo de osteoporosis en mujeres de edad avanzada, riesgo incrementado de abortos, muerte súbita del bebé y poco peso al nacer en bebés de madres fumadoras, daño a los bronquios y aumento de riesgo de cáncer de pulmón y enfisema, además de una mayor probabilidad de padecer enfermedades de las arterias coronarias y periféricas y de que se produzcan cánceres laríngeos, orofaríngeos, esofágicos y vesicales. Como consecuencia de la combustión del tabaco se forman compuestos llamados “radicales libres” que se combinan con los tejidos con los que toman contacto, produciéndoles trastornos de su estructura y función. Alrededor de 40 sustancias distintas tienen potencial capacidad para generar tumores malignos. Ello se comprueba exponiendo a animales de experimentación a dosis elevadas de aquellas.

Cuanto mayor es el número de cigarrillos y más prolongado el tiempo que la persona ha fumado, tanto mayor es el daño para su salud. Los cigarros y la pipa son tan perjudiciales como el cigarrillo aunque los perjuicios no son idénticos. Se denomina alquitrán al producto del humo que queda retenido en un filtro. Cada cigarrillo contiene entre 0,8 y 3 mg de nicotina, entre 7 y 20 mg de alquitrán, y produce alrededor de 80 cm3 de monóxido de carbono; esta última sustancia disminuye significativamente la capacidad de la hemoglobina circulante para transportar el oxígeno difundido desde los alvéolos pulmonares.

La nicotina produce aumento en el sistema nervioso central de otra sustancia denominada dopamina, una de cuyas propiedades es la de activar circuitos nerviosos cerebrales vinculados con las sensaciones placenteras. Otro efecto de la nicotina es la liberación por la glándula suprarrenal de adrenalina, la cual es responsable del aumento de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca, así como de un bloqueo de la liberación de insulina pancreática y su consecuencia, que es el incremento de la glucosa sanguínea. Cuando la nicotina es inhalada como integrante del humo del tabaco, debido a la dispersión en partículas muy pequeñas que se difunden en la gran extensión de los alvéolos pulmonares, se absorbe con rapidez, a mayor verlocidad aun que por la via endovenosa, tanto que al cabo de los 10 segundos ya se encuentra en contacto con el tejido cerebral. El efecto dura unos minutos, luego de los cuales el fumador debe volver a consumir tabaco para evitar el cuadro de abstinencia. Desde luego las variaciones entre las personas no solamente dependen del organismo de cada una sino también de la manufactura del cigarrillo. Está comprobado que las marcas con menos nicotina provocan inhalaciones más profundas y frecuentes.

Se denomina umbral de adicción al mínimo consumo de tabaco que condiciona la dependencia. Está relacionado con el número de cigarrillos fumados, pero especialmente con su contenido de nicotina. Además hay variaciones individuales. A los efectos de poder establecer una medida más precisa, se puede detectar la presencia de un producto del metabolismo del alcaloide llamado cotinina y calcular su concentración. El umbral de adicción se ha establecido entre los 50 y los 60 ng/ml de sangre. En un fumador habitual de 20 cigarrillos diarios, se detectan 300 ng/ml en promedio.

La mayoría de los cánceres de pulmón está relacionada con el consumo de tabaco, a pesar de lo cual la enfermedad también ocurre en pocas personas que nunca han fumado. En efecto, en alrededor del 90 % de los casos los enfermos son fumadores o lo fueron en el pasado. Tiene más relación con la variedad epidermoide, menos con el adenocarcinoma y no puede establecerse con certeza si el tabaquismo influye en la incidencia de carcinoma indiferenciado a pequeñas células. Existe una relación dosis-respuesta, es decir que el riesgo de contraer un tumor maligno pulmonar es mayor cuanto más cantidad de cigarrillos se fuma, lo cual suele expresarse a través del índice paquetes-año (número de cigarrillos diarios x años de consumo/20). Se ha demostrado que las inhalaciones profundas del humo y la mayor cantidad de pitadas son factores que favorecen la aparición de un cáncer, debido sobre todo a que la última parte del cigarrillo es la que cointiene mayor cantidad de sustrancias nocivas. También agrega riesgo la duración del hábito, por lo tanto son más proclives los adultos que fumaron desde que eran adolescentes. El riesgo vuelve a ser igual al de los no fumadores luego de trascurridos más de 10 años de haber abandonado el hábito. Es de interés hacer notar que grupos de personas como los mormones y los adventistas del séptimo día, que se abstienen de fumar por precepto religioso, tienen tasas de cáncer de pulmón mucho menores que la población de fumadores habituales.

Cáncer de pulmón

Si se analizan los tejidos bronquiales de los fumadores, se observan modificaciones en la mucosa de revestimiento caracterizada por un cambio en las células normales que se transforman en escamosas. Este proceso se denomina metaplasia y es un estado preneoplásico. En uno o varios sitios, esta alteración puede progresar a carcinoma in situ, que significa tejido tumoral maligno todavía limitado por la membrana basal, estructura que separa el epitelio del resto de los tejidos del bronquio. Por razones que todavía se ignoran, muchos carcinomas in situ permanecen en estas condiciones sin penetrar ni expandirse, en cambio alguno puede progresar transformándose en carcinoma invasor, que es el cáncer de pulmón típico. Algunas de las alteraciones que se encuentran en las lesiones preneoplásicas incluyen hiperproliferación y pérdida del control del ciclo celular (crecimiento y muerte programada o apoptosis), anormalidades en la proteina p53 y en varios genes, aumento de los vasos de neoformación destinados a aportar nutrimentos a la neoplasia, alteraciones en la matriz extracelular o tejido de sostén del tumor y disminución del ácido retinoico. Se puede especular que este tumor se originó a partir de una sola célula, la cual al cabo de numerosas reproducciones conformó un volumen tumoral ostensible a la vista. Es posible que en el curso de la evolución un grupo celular sufra algún tipo de mutación que le permita adquirir capacidad para que elementos celulares se desprendan y originen colonias distantes denominadas metástasis. A partir de entonces, ya no es una patología limitada al órgano en el cual tuvo su origen, sino que es una enfermedad generalizada o sistémica, de mucho peor pronóstico y pocas probabilidades de poderse curar.

Angel H. Roffo, nacido en 1882 fue un gran fumador hasta 1919 en que abandonó la adicción luego de convencerse de la relación entre tabaco y cáncer. Esta figura célebre de nuestra medicina dedicó muchos esfuerzos a divulgar sus conocimientos y alertar a la población sobre los riesgos del tabaquismo. En 1941 escribió: “La Humanidad marcha actualmente por un derrotero que ha de llevarla a un precipicio, lo que equivale a ir contra la especie misma”.

•Miembro de la Academia Argentina de Cirugía. En el Instituto de Oncología “Angel H. Roffo” es el Jefe de Cirugía Torácica y se encuentra a cargo de la Dirección del Area Quirúrgica. Ha sido Presidente de la Sociedad Argentina de Cirugía Torácica y de la Asociación Sudamericana de Cirugía Torácica. La Sociedad de Cirujanos de Chile lo designó su Miembro Honorario, y la Sociedad Peruana Cancerología su Miembro Correspondiente. Es Director de la Carrera de Especialistas en Cirugía Torácica de la UBA.

Nuevo número de Encrucijadas: ADICCIONES. ¡QUIERO MÁS!

El número 44 de la revista Encrucijadas ya se encuentra a la venta en todos los kioscos de la Capital. En esta oportunidad se aborda el tema de las adicciones en sus más variados aspectos, diferenciando los diferentes tipos de drogas: las llamadas “drogas duras”, es decir, las ilegales: opiáceos, cocaína, marihuana, éxtasis, paco, etcétera; y las de uso legal, aunque no menos dañinas como el alcohol, el tabaco, y la cada vez más frecuente la autoprescripción de medicamentos.

Además de las sustancias psicoactivas en la revista también se analizan las adicciones hacia determinadas prácticas -la más conocida: los juegos de azar-, muchas veces consideradas inocuas, -como los videojuegos o el “estar conectado” a la Internet-, o incluso beneficiosas -como el deporte o la actividad laboral-.

Esta amplia, interesante e insoslayable temática es abordada, como es habitual en Encrucijadas, por especialistas de la Universidad de Buenos Aires desde sus diversas disciplinas.

INSEGURIDAD VIAL: ENCRUCIJADAS RECIBIÓ MENCIÓN DE HONOR

 

La revista de la Universidad de Buenos Aires, recibió mención de Honor en la categoría gráfica en la II Edición del Premio Volvo de seguridad en el tránsito en Argentina.               

 

   El Subsecretario de RR. II y Comunicación, Ariel Sujarchuk al momento de recibir la mención

Encrucijadas, con su número 42: “Inseguridad Vial. La ley de la Selva” se llevó una mención de honor de entre un total de 200 trabajos presentados en las tres categorías de la II Edición del Premio Volvo de Seguridad en el Tránsito. Durante un acto en la sede de la Federación Argentina de Entidades Empresarias del transporte de Cargas (FADEEAC), y con la presencia de numerosos periodistas gráficos, de radio y televisión, se realizó la entrega de premios a los trabajos periodísticos que apuntaron a crear una mayor conciencia social sobre la necesidad de “un tránsito más humano”, lema de esta iniciativa de Responsabilidad Social Empresarial que lleva adelante el Grupo Volvo en Argentina desde 2005.

En el número premiado, Encrucijadas aborda temas como la planificación urbana y sistema de transporte; el factor humano en el tránsito vehicular; los trastornos del sueño en relación a la seguridad vial; transporte, tránsito y uso del suelo; ciudad y movilidad; el problema de la interferencia ferrovial; las autopistas; el control de semáforos; la polución visual; el sistema penal y las infracciones de tránsito; y el costo de los seguros, desde una mirada profesional y científica.

El premio mayor en la categoría Gráfica correspondió a Cristina Aizpeolea, del diario La Voz del Interior de Córdoba, en taque en radio el ganador fue Pedro Evdemon, del programa Luz Verde, difundido en radios de San Nicolás y otras ciudades de la provincia de Buenos Aires y Santa Fe. En Televisión, la sección “Proteste ya”, del programa Caiga quien Caiga de Telefé, se llevó el premio.

 

 

 

 

Letras en la cárcel

FILOSOFÍA Y LETRAS EN EL PROGRAMA UBA XXII

Desde comienzos de este año, un grupo de docentes, investigadores e investigadoras de la carrera de Letras coordina talleres de escritura y reflexión sobre derechos humanos en los Centros Universitarios de Devoto y Ezeiza. Estas actividades surgen de la iniciativa del Área Queer de la Secretaría de Extensión Universitaria y Bienestar Estudiantil de la Facultad de Filosofía y Letras y proponen una instancia de discusión y propuestas de acción contra la discriminación y la represión, en el marco del Programa UBA XXII de educación en las cárceles. Existe también un proyecto para incorporar Letras a las carreras dictadas en ambos centros universitarios a partir del año que viene. 
Juan Pablo Parchuc
Docente e investigador de la carrera de Letras y del Programa UBA XXII. Integrante del Proyecto UBACYT “Protocolos de la crítica: hegemonía y polémicas culturales” y del Área Queer de la Secretaría de Extensión Universitaria y Bienestar Estudiantil de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Becario del CONICET
En el Área Queer hemos incluido como parte de nuestras actividades de docencia, investigación y extensión una serie de debates que afectan la relación entre las teorías de la cultura y sus posibilidades de especificar las actuales condiciones de producción de hegemonía, no sólo desde el punto de vista de los problemas de investigación, sino fundamentalmente de los vínculos con distintas modalidades de organización social y política.
Según estos debates, la profundización de la desigualdad económica y la consecuente exclusión en el acceso a la justicia, los derechos y la participación política aparecen articulados por el conflicto por regularlas a partir de la discriminación por géneros, etnias, edades, nacionalidades, identidades de género u orientaciones sexuales [1]. En los últimos quince años hemos podido percibir cómo las condiciones agravadas de pobreza y exclusión en nuestro país fueron acompañadas por un recrudecimiento de la represión policial e institucional y un incremento de la población detenida en institutos de menores, comisarías y unidades penitenciarias. La represión policial recae cotidianamente sobre jóvenes, manifestantes, vendedores y vendedoras ambulantes, inmigrantes, travestis y mujeres en situación de prostitución, con la aplicación de códigos de faltas, edictos, contravenciones y otras normas de detención arbitrarias como la ley de averiguación de antecedentes, o directamente a través del armado de causas penales con el aval de dirigentes políticos, fiscales y jueces, en una evidente criminalización de la pobreza y la protesta. El carácter selectivo de este sistema llena las cárceles de pobres mientras evita deliberadamente perseguir al llamado “delito de cuello blanco” y deja prescribir las causas por grandes estafas y corrupción institucional.

Según los datos de la Dirección de Política Criminal del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, en un lapso apenas mayor a una década, la población carcelaria en todo el país prácticamente se duplicó. Sobre el total, en particular la cantidad de mujeres y jóvenes ha tenido un aumento sostenido. La franja de 18 a 24 años de edad representa el 30% del total de personas privadas de su libertad; en su mayoría se encuentran procesadas por delitos contra la propiedad (robos y hurtos) y contra las personas. En el caso de las mujeres, alrededor del 70% se encuentra detenida por delitos enmarcados en la ley 23.737 (ley de estupefacientes). De hecho, desde la sanción de esa ley en octubre de 1989, en un plazo de diez años la cantidad de mujeres presas se triplicó. Cabe señalar que del total de personas privadas de su libertad, apenas un tercio se encuentra con condena y el resto está procesado con prisión preventiva y a la espera de juicio, y casi la mitad estaba desempleada al momento de ser detenida. Además, dentro de las unidades federales, cerca de un 20 por ciento son personas extranjeras.

Discurso discriminatorio y represión
Como parte de esta trama, los discursos institucionales como los de los medios de comunicación producen las condiciones para la segregación y la reclusión apelando a la supuesta inseguridad o el desorden en el espacio público que legitiman los pedidos de la “mano dura”, la necesidad de mayor presencia policial en las calles, el aumento de la reclusión y el agravamiento de las penas. Las coberturas periodísticas suelen apelar a discursos o formatos restrictivos que se ligan con ideologías vinculadas con posturas xenófobas, racistas, sexistas, homofóbicas y travestofóbicas cuando abordan problemas relacionados con la pobreza y la marginalidad [2]. De esta manera amplían la visibilidad de los grupos estigmatizados y los sectores excluidos a través de la construcción de perfiles que los señalan como “problemáticos”, “amenazantes” o “peligrosos”, reduciendo sus características a unos pocos rasgos que se les atribuyen. Simultáneamente, criminalizan sus prácticas y modos de subsistencia mientras ocultan las situaciones de violencia, explotación y persecución que viven a diario. Podemos citar en este sentido la proliferación de información y relatos que exhiben la transgresión de la ley o la criminalidad como parte de la cotidianidad de las clases populares, en especial cuando se trata de jóvenes pobres. Esta exposición contrasta con la poca atención que se les presta a los casos de maltrato, tortura y asesinato perpetrados por las fuerzas de seguridad y la violencia económica encarnada en el desempleo, el trabajo esclavo, el proxenetismo y la trata de personas.

Por lo tanto, el uso de términos abiertamente discriminatorios o la estigmatización a través de gramáticas que sostienen estigmas o prejuicios a partir de la naturalización de enunciados que se apoyan en el sentido común habilitan la desigualdad por exclusión y represión. Pero también, la burla o el menosprecio, junto con el pánico moral, el pánico sexual y la criminalización actúan a través del diseño de imágenes y tramas que se ligan con reclamos de vigilancia y control como inteligibilidad de las crisis económicas y políticas. Desde esta perspectiva, la discriminación y la represión conforman marcos de referencia que convierten en naturales prejuicios que operan como explicación de los conflictos sociales al tiempo que regulan la relación entre democracia y capitalismo. Enunciados del tipo “pobres hubo siempre”, “los inmigrantes vienen al país a quitarnos el trabajo” o “una vez que alguien delinque y va a la cárcel es irrecuperable” adquieren un carácter explicativo tanto de experiencias individuales (pobreza, desempleo, cárcel) como de relaciones sociales. Pero a su vez son esas experiencias las que de alguna manera politizan las condiciones históricas en que se formulan los enunciados excluyentes que vinculan desigualdad con diferencia en la producción de acciones colectivas y propuestas de cambio.

Detrás de los muros y las rejas
A fines del año pasado, desde el Área Queer propusimos una serie de actividades en el marco del Programa UBA XXII. En el mes de febrero, con un equipo compuesto por Ilona Aczel, Silvia Delfino, Silvia Elizalde, Fabricio Forastelli, Guadalupe Maradei, Juan Pablo Parchuc, Juan Enrique Péchin, Flavio Rapisardi y Guadalupe Salomón, empezamos a coordinar los talleres de escritura y reflexión sobre derechos humanos en los Centros Universitarios de Devoto y Ezeiza. En los talleres proponemos una serie de discusiones sobre problemas de discriminación y represión, articuladas con actividades de argumentación y producción escrita que promuevan el abordaje crítico de los principales debates sobre estos problemas que en los últimos treinta años se han formulado desde la teoría cultural y las ciencias sociales en articulación con movimientos sociales, feministas, colectivos de diversidad sexual, grupos étnicos y organizaciones políticas y de derechos humanos. Si bien algunos de los temas propuestos en los talleres forman parte de los contenidos de las asignaturas de diversas carreras dictadas en los centros, tratamos de relacionarlos con actividades de lectura y escritura que permitan una reflexión sobre la especificidad de géneros discursivos, modos de argumentación y retóricas jurídicas, académicas y periodísticas. También organizamos, como parte de estas actividades, ciclos de charlas debate con investigadores/as, expertos/as y activistas en derechos humanos, género, diversidad sexual, migrantes y afrodescendientes.

Las discusiones que surgieron del trabajo en los talleres nos permitieron situar el carácter discriminatorio de los enunciados de la prensa y los medios de comunicación cuando focalizan la clase, la etnia, la edad, el género, la orientación sexual o situaciones como el encierro, la prostitución o el delito como parte de lo “noticiable”. También pudimos indicar los prejuicios y estigmas sobre los que se construye el ordenamiento jurídico, los límites de las rutinas y prácticas institucionales del sistema penal y la autorrestricción de algunas de las posiciones más difundidas sobre violencia institucional y derechos humanos en la actualidad. Por otro lado, la reflexión sobre las experiencias históricas de los grupos afectados por la discriminación y la represión nos permitió conceptualizar modos de organización y lucha que surgen como interpelación a esas estructuras y posiciones.

A partir de los testimonios expuestos en los talleres pudimos registrar cómo las diferencias, en especial la etnia, la nacionalidad, el género y la orientación sexual, funcionan tras las rejas en articulación con la posición económica y la condición social regulando los vínculos entre las personas privadas de su libertad y con los agentes del Servicio Penitenciario en el sentido de restringir la capacidad de acceso a derechos y las posibilidades de participación. El hacinamiento, la falta de alimentación, la ausencia de condiciones sanitarias mínimas, la precariedad de la atención médica, la tortura y el maltrato fueron denunciados como parte de las situaciones vividas cotidianamente en las cárceles. Se señaló también el trato racista y xenófobo que se ejerce contra las personas que no hablan español y los inmigrantes de origen latinoamericano, y la distinción que existe entre varones y mujeres en cuanto a la oferta de estudios, actividades extracurriculares y posibilidades laborales.

El interés manifestado por las actividades organizadas durante el primer cuatrimestre nos llevó a proponer la continuidad de los talleres durante todo el año y la necesidad de sostener en adelante un espacio de reflexión y propuestas de acción sobre los problemas abordados. También reconocimos en conjunto la importancia de generar instancias de discusión de problemas de argumentación y escritura en relación con las rutinas y prácticas de producción cultural, académica y periodística. Por eso, propusimos incorporar la carrera de Letras a la nómina de carreras que se dictan en los centros universitarios a partir del año que viene con una materia inicial que tenga como ejes la comprensión y discusión de los debates centrales de las teorías de la cultura, la lingüística y las ciencias sociales y humanas, y a su vez proponga un taller de lectura, discusión y producción de textos teóricos y críticos. La materia estará a cargo del equipo de cátedra del profesor Jorge Panesi y el programa ya fue elevado por la Junta de la Carrera de Letras al Consejo Directivo de la Facultad. Será la primera vez que una carrera de la Facultad de Filosofía y Letras se dicte en el Programa UBA XXII.

La oportunidad de participar de este tipo de actividades en los Centros Universitarios de Devoto y Ezeiza supone un desafío tanto a las prácticas de docencia e investigación académica como a los modos de intervención y las propuestas de transformación que se promueven desde la universidad pública. Esperamos que la experiencia de los talleres y la incorporación de la carrera de Letras puedan contribuir al desarrollo de nuevos proyectos y a fortalecer los ya existentes para que los muros y las rejas no sean un límite a nuestras posibilidades de reflexión y acción.

El rector adhiere a la postulación de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo al Premio Nobel de la Paz 2008

El rector invita a toda la comunidad universitaria a adherirse a la campaña de firmas para avalar la candidatura de las Abuelas, enviando un correo a nobelparaabuelas@rec.uba.ar         

La Asociación de Abuelas de Plaza de Mayo fue propuesta oficialmente para ser candidata al Premio Nobel de la Paz 2008, por su labor para localizar y restituir la identidad de centenares de hijos de desaparecidos nacidos en cautiverio y que fueron privados de su identidad durante la última dictadura militar (1976-1983).

Las adhesiones resultan de suma importancia para que se reconozca la incansable labor de las Abuelas en pos de la recuperación y vigencia del derecho a la identidad en el plano nacional e internacional.

PARA ADHERIRSE ENVIAR MAIL CON NOMBRE Y APELLIDO,  DNI , CIUDAD Y PAÍS DE RESIDENCIA:

nobelparaabuelas@rec.uba.ar

 

¿Daños colaterales?

Los autores de este artículo son miembros del Grupo Universitario de Devoto

“Hace 22 años que la UBA lanzó su Programa UBA XXII, más conocido como ‘UBA en las Cárceles’, que ha producido, produce y –esperamos– seguirá produciendo no solamente la difusión de conocimientos y posibilidad del acceso a carreras de grado a personas privadas de la libertad ambulatoria –eufemismo que suele mencionarse para no utilizar la más desvalorizada expresión ‘presos’, aunque, en realidad, no ‘somos’ presos sino que ‘estamos’ presos, diferencia no menor, por lo menos, en lo cualitativo–.”

Los medios masivos de difusión han popularizado algunas de las poco afortunadas frases que, lamentablemente, suelen emitirse como declaraciones oficiales gubernamentales. Aun referentes políticos de primer nivel han asombrado al mundo occidental –con demasiada frecuencia– con desaciertos verbales que han llevado a que se lleguen a crear sites en la web donde se coleccionan algunas de esas joyas lingüísticas, con la crueldad inherente al mundillo político.

Sin embargo, la construcción “daños colaterales” viene siendo utilizada como frase justificadora de estropicios inexplicables, incluidas muertes de inocentes en operaciones militares o paramilitares desde hace ya unos cuantos años.

El incompleto y minúsculo diccionario del que podemos disponer define:

Daño: Detrimento, menoscabo, dolor, molestia, las-timadura.

Colateral: Dícese de las cosas que están a uno y otro lado de la principal.

Haciendo una vieja y remanida suma algebraica podríamos interpretar que, en buen criollo básico, un daño colateral sería un detrimento (menoscabo, dolor, molestia o lastimadura) que sufren las cosas que están a uno y otro lado de la principal. Lo que no estaría demasiado alejado del sentido real o figurado en el que se utiliza la frasecita famosa en la prensa mundial. Es decir, que se trata de una forma de efecto o resultado impensado –o por lo menos, inesperado– de una cierta y determinada acción.

Y precisamente a eso es a lo que nos queremos referir, por ello hemos acudido al cliché utilizado como título, si bien en este caso el efecto no sólo no es dañino sino todo lo contrario.

Hace 22 años que la UBA lanzó su Programa UBA XXII, más conocido como “UBA en las Cárceles”, que ha producido, produce y –esperamos– seguirá produciendo la difusión de conocimientos y posibilidad del acceso a carreras de grado a personas privadas de la libertad ambulatoria –eufemismo que suele mencionarse para no utilizar la más desvalorizada expresión “presos”, aunque, en realidad, no “somos” presos sino que “estamos” presos, diferencia no menor, por lo menos, en lo cualitativo–.

Tal como hemos leído hasta la saturación en la literatura sociológica más actual, en autores como Erving Goffman, Michel Foucault, Pierre Bourdieu y últimamente en Loïc Wacquant –cuya visita tuviéramos el honor de recibir el 5 de octubre pasado–, el sistema de encarcelamiento no solamente no es útil para recomponer la persona de quien ha resultado su víctima, sino que –en lugar de producirse una acción disuasiva– tiende a perpetuar las condiciones originales que condujeron al sujeto a su condición de preso.

Loïc Wacquant, en “Las Cárceles de la Miseria”, página 144, Editorial Manantial, Buenos Aires, 2000) dice textualmente:

“(…)

La cárcel como fábrica de miseria

Una investigación en profundidad realizada en siete ámbitos penitenciarios de Francia muestra hasta qué punto la trayectoria carcelaria del recluso puede describirse como una sucesión de choques y rupturas gobernadas, por un lado, por el imperativo de seguridad interna del establecimiento y, por el otro, por las exigencias y los edictos del aparato judicial, que esconden un descenso programado en la escala de la indigencia – descenso tanto más abrupto cuanto más desprovisto está el detenido en el inicio. Típicamente, el ingreso en la condición de detenido está acompañado por la pérdida del trabajo y la vivienda, pero también la supresión parcial o total de las ayudas y prestaciones sociales.” (y cita a Anne-Marie Marchetti, “Pauvreté et trajectoire carcérale” y “Pauvreté en prison”, Ramonville Saint-Ange, Cérès, 1997)

De más está decir que el discurso oficial dirigido al REcluso y transmitido a la sociedad por los REclusores, está plagado de palabras rimbombantes, como REsocialización, REhabilitación, REinserción, REcuperación y demás ditirambos que hemos dado en llamar “Sinfonía en RE“ –no sin amarga ironía– y sobre el que hemos enviado trabajos a Jornadas, Simposios, Congresos y Concursos en los que se traten temas inherentes a la Sociología. Nos parece que no obedecen a una visión REalista, porque el REo, aunque segregado, en ningún momento ha dejado de pertenecer a la sociedad civil –pues ella es la que habita afuera o circula dentro de la cárcel–, en el colectivo formado por internos, guardias, profesionales del Servicio Penitenciario Federal, familiares, amigos, abogados, jueces, secretarios, fiscales y demás deudos. Todos y cada uno, parte de la misma sociedad.

El alto nivel de reincidencia entre los liberados de establecimientos carcelarios nos hace pensar en una posibilidad muy alta de que el sistema actual no sirva o que no resulte ni eficaz ni eficiente a pesar de la inversión cuantiosa que se realiza en la prisionización.

El delito no constituye una enfermedad per se, por lo que no hay algo a lo que se pueda llamar tratamiento. Sin embargo, se habla de un tratamiento del detenido. La falta de medidas de ayuda real a quien delinque y su reemplazo por el simple encarcelamiento hace que numerosos internos queden cautivos del círculo delito-cárcel-delito-cárcel. Tal como está planteado en este momento, el sistema tampoco ofrece ayuda concreta alguna al liberado. Su esperanza de lograr incorporarse a la sociedad es mínima y dependerá, de manera fundamental, de su capacidad de haber generado la suficiente REsiliencia o REsistencia interna, que le permita REcuperarse, REvalorizar su persona y mantenerse en equilibrio frente a un entorno externo, por lo menos agresivo, sino directamente hostil.

El fuerte impacto de ser encarcelado, semejante a sentirse solo en un agujero, siembra la duda sobre uno mismo. Una vez de pasar por el banquillo de los acusados, el condenado será el ejemplo a no seguir. Inevitablemente se produce –en mayor o menor medida– una vergüenza que va unida a la necesidad de eliminar algo de uno mismo; una autodiscriminación que mina el sentimiento del yo.

La adaptación a la nueva situación extrema se produce mediante una rutina acentuada que se mantiene próxima a los requisitos para la supervivencia y que lleva consigo un camino de desviación a través de la regresión.

Una bandera de esperanza
Es en el centro de este sistema degradante donde la UBA plantó una bandera de esperanza. Ser reconocidos por la Universidad, sentir que esta institución nos recibe en una realidad práctica de necesidades recíprocas entre estudiantes y profesores es para la persona detenida cambiar concretamente su realidad y permitirle una sensación tanto de pertenencia al mundo académico como de distinción personal. El Grupo Universitario Devoto se construye como un sustituto del cuerpo sometido al encarcelamiento, la división y la muerte.

Así hemos asistido al despertar de nuevas motivaciones que en muchos casos los individuos jamás han experimentado en su mundo de extramuros y pueden provocar cambios estremecedores. Aunque resulta imposible pensar en generar programas de estudios universitarios urbi et orbi, podemos dar fe de que hemos visto transformaciones de vida. Compañeros nuestros de orígenes muy humildes, residentes habituales de las peores villas del gran conglomerado de Buenos Aires, que incitados, estimulados, apoyados por ese colectivo de estudiantes, se han encontrado de forma súbita e inesperada con la sorpresa de haber aprobado materias de una carrera de grado.

Esforzándose, desde luego. Estudiando mucho y haciendo de tripas corazón para enfrentar un mundo nuevo, desconocido, viéndose obligados a vencer su propia inseguridad y miedo al fracaso. Estar con ellos a la salida de la mesa de examen y poder darles un abrazo emocionado cuando salen pálidos y tartamudeando diciendo –y diciéndose– “¡Muchachos, pude! ¡Pude y aprobé!”.

Esto no es un libreto para una tira de la TV a la tarde, sino cosas que suceden, las hemos visto y vivido. Y aunque sean observaciones poco científicas, merecen que se deje testimonio.

Esos son los “daños colaterales” a los que quisimos hacer mención en un principio, los efectos quizá no buscados, pero que igualmente pasan, son y tienen existencia real.

Que en lugar de sucedernos cosas, seamos nosotros los que podamos hacer que las cosas nos sucedan.

Que en un mundo con escasas opciones y magras posibilidades de elegir, podamos elegir, podamos hacer y tengamos nosotros la opción, en lugar de ocupar el rol pasivo habitual de que otros opten y elijan en nuestro lugar. Porque habremos conseguido que el cambio se produzca dentro de nosotros y no en el exterior.

Atravesando los muros

TESTIMONIO DE UNA DOCENTE

Estela Cammarota Ingeniera industrial. Consultora organizacional. 

“Pocas preguntas he respondido tantas veces como la de por qué enseño en la cárcel. Me parece tan obvia la respuesta que generalmente la contesto con otra pregunta: “¿Dónde, si no?”. Es como observar a un médico en medio del campo de batalla e interrogarlo acerca de su vocación. O a un misionero en un contexto de violencia y hambre, y preguntarle qué hace allí…”

Estela Cammarota Ingeniera industrial. Consultora organizacional.
Integrante del Equipo de Coordinación desde el año ´93 y Coordinadora Gral. de las Actividades de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA) en los Centros Universitarios de las Cárceles desde el año ‘96. 

La cárcel es el lugar exacto para darle sentido a la acción de educar. He aquí mi testimonio, que siempre, siempre relato con lágrimas.
Cárcel cotidiana
En alguna ocasión en que el tiempo me apremia, tomo un taxi para trasladarme desde mi casa a la cárcel para cumplir con mis tareas docentes y de Coordinación Universitaria. Cuando subo y doy las coordenadas, numerosas veces escucho la típica pregunta: “¿Del lado de adentro o del lado de afuera?”, seguida luego de un interrogatorio que se despliega por caminos conocidos, llegando hasta el dato de mi misión docente entre rejas, no como ocupación central de mi vida pero sí como una de las más amadas. Por el espejo retrovisor veo la cara de horror, a la vez que escucho el infaltable comentario: “¿Por qué pierde el tiempo de esa manera?”… A esta altura, ya en medio de una conversación no elegida, junto lo que queda de mi buena voluntad y con no poca ironía, suavemente, lo invito a imaginarse a sí mismo atropellando accidentalmente a una persona y pagando con unos cuantos años lo que quién sabe fue la imprudencia del otro, o visitando a un hijo en prisión, como consecuencia de malas compañías o de errores circunstanciales, a pesar de sus indudables buenos esfuerzos por asegurarle un futuro sin problemas. “Nadie está exento”, le digo. Y me acomodo en el asiento, dispuesta a disfrutar de un sereno y silencioso viaje hasta mi destino.

Siempre me impresiona esta difundida creencia de la cárcel como fuera de nuestras cotidianidades, como algo ajeno, que les pasa solamente a los extraños.

De tanto entrar y salir, he aprendido a verla como una lamentable pero verídica realidad que desborda los muros que la contienen. Veo la réplica de sus métodos en los ámbitos de trabajo, con horarios ajustados, uniformes, espacios pequeños sin ventanas, conversaciones controladas, cámaras que vigilan en los cajeros, en los zaguanes, en los ascensores… Veo las rejas tremendas que defienden la privacidad y la propiedad, las paredes grises de piedra alrededor de los countries, las alarmas que obligan a salir corriendo en segundos luego de ser conectadas y a ejecutar otros mil pases antes de ingresar… Veo las agendas colmadas de compromisos, que nos aprisionan con obligaciones… Veo el miedo, la inseguridad, la desconfianza que nos atan en trampas de diferentes formatos, limitando nuestro vuelo… A nosotros… tan puros y tan libres…

Entro al Centro Universitario a dar mi clase. Paso la reja número nueve y respiro Libertad.

Consumidores, adictos y edictos

Durante el mes de marzo de este año, el Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación, Dr. Aníbal Fernández participó del foro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y reveló que se estudia reformar la legislación para dejar de perseguir penalmente a los usuarios de estupefacientes y, en cambio, incluirlos en un sistema de salud. Lo que aparenta ser un primer paso hacia la despenalización del consumo de drogas en nuestro país tomó fuerza en la opinión pública. En el próximo número de Encrucijadas desarrollaremos en profundidad la temática, desde todas las ópticas posibles, como hacemos puntualmente con cada tema que tratamos.

Más allá del aporte de investigadores, científicos, políticos, ¿cuál es su opinión sobre este tema?

Realidades, desatenciones e irresponsabilidades

EL FACTOR HUMANO EN EL TRÁNSITO VEHICULAR: “Los emergentes negativos de estas instancias de riesgo frecuentemente tienen que ver con personas gravemente heridas, secuelas severamente discapacitantes, muerte; siempre implican mucho sufrimiento humano (el sufrimiento crónico no es una categoría que tenga presencia mental en la cultura argentina, a diferencia del sufrimiento agudo que genera momentos exaltados de indignación y solidaridad transitoria a muy corto plazo) y grandes daños (institucionales, a la calidad de vida, a la convivencia, económicos, etc.).

Argentina, desde hace muchas décadas, es uno de los países con las tasas de morbimortalidad por accidentes de tránsito más altas del mundo, a la vez que más del 95% de estos accidentes son causados por problemas de factor humano, no por fallas de suelo o fallas mecánicas”.

Extracto de un artículo escrito por Enrique Saforcada. Profesor Titular Consulto de Salud Pública y Salud Mental, Facultad de Psicología, UBA. Miembro de la Comisión de Maestría, Maestría de Salud Pública, UBA

La aventura de salir a la calle

Cada día, nos vemos sorprendidos por terribles noticias relacionadas con los accidentes de tránsito. No es para menos: los más de siete mil muertos y 120.000 heridos por año en accidentes de tránsito en la Argentina dan muestra de un estado de situación calamitoso en lo que hace a la seguridad vial.
La principal causa de esto, sin dudas, es el altísimo grado de comportamiento transgresor en el tránsito y una enorme falta de conciencia a la hora de conducir un vehículo o cruzar una calle: conductores “suicidas” o corredores de picadas que atropellan a peatones e intentan darse a la fuga, muchas veces con éxito; choferes de camiones o de micros de larga distancia que debido a las largas jornadas de trabajo se duermen manejando y convierten a nuestras rutas en verdaderas “ruletas rusas”; peatones imprudentes que cruzan la calle por donde les parece; transeúntes y automovilistas que no respetan los pasos a nivel y se aventuran a cruzar las vías con las barreras bajas; colectivos que se desplazan a gran velocidad y paran a
gran distancia de la vereda; señales de tránsito y carriles de circulación que no se respetan; gran número de maniobras imprudentes; autoridades administrativas y policiales que hacen la vista gorda; una administración de Justicia lenta y muchas veces inoperante, y un largo etcétera de otras infracciones hacen que salir a la calle o realizar un viaje por ruta se haya convertido en nuestro país en sinónimo de peligro.
Una encuesta de la Asociación Civil “Luchemos por la Vida”, pionera en la batalla por cambiar este panorama, da cuenta del enorme grado de inconciencia de nuestros conductores: preguntados por cómo se veían en comparación con los otros conductores, sólo el 0,25% contestó que manejaba peor que los demás; la gran mayoría (55%) consideró que lo hacía mejor; un 12,50% dijo que “mucho mejor” y un 31,50% contestó que “igual”. ¿Y quién protagoniza los accidentes? Evidentemente, “los otros”.
A esto se suman, además, los grandes problemas de infraestructura urbana, de tránsito y de transporte, que contribuyen a agravar el problema, en una especie de círculo vicioso del que es muy difícil salir.
Es evidente que lo primero que se impone es una gran campaña de concientización de lo que está pasando, poner en práctica programas masivos de educación vial, proponer la sanción y entrada en vigor de leyes apropiadas para combatir esta verdadera pandemia, junto con la mejora de todo lo que haga a la movilidad de la población y la infraestructura urbana.

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